La novela distópica de 1933 que anunciaba las urgencias del mundo de 2018

Mosko-Strom. El torbellino de las grandes metrópolis, la tercera novela de la peruana Rosa Arciniega, ha vuelto a las librerías 86 años después.

Sociedad | hace 28 días

Y lo hace en un momento de plena vigencia, con una asombrosa capacidad de anticipar fenómenos actuales muchas décadas antes de que se produjeran. Los protagonistas, Stanley Sampson, un profesor universitario al borde del retiro, y sus antiguos pupilos con sus respectivas familias, viven —o malviven— en Cosmópolis, una megaciudad donde “las voces de los claxones, las explosiones de los motores, las estridencias de tranvías y trenes aéreos seguían elevando su bárbaro concierto de disonancias por encima de este silencio patético de dos almas”, escribió Arciniega en 1933. 

Max Walker es un ingeniero que tiene por máxima la racionalidad y la Técnica —con mayúscula— en la industria y en la vida de las personas. Todo para él se resuelve con fórmulas matemáticas, hasta el cálculo de la cantidad de sueño que cada trabajador necesita para ser eficaz. Según Walker, el hombre es “la única máquina inexacta, el único motor que no funciona bien. Esa, y no otra, es la causa de su malestar”.

El profesor Sampson, a su vez, tiene demasiado cerca los vacíos de la sociedad a la que pertenece: su mujer, Rona, solo piensa en comprar más chucherías para adornar la casa y se queja por no tener un automóvil, mientras su hija se dedica a ir de un dancing (sala de baile) a otro.

El libro, que tuvo dos ediciones seguidas —en 1933 y 1934— presenta un mundo obsesionado con el progreso, la urgencia del tiempo, la tecnología, la voracidad de consumir y la estupidez. Vio la luz por primera vez un año después de una de las distopías más reconocibles de la literatura universal, Un mundo feliz de Aldoux Huxley, pero cuando esta aún no había sido traducida. Por ello, Lergo piensa que la escritora peruana no lo habría leído.

La responsable de la edición y el prólogo, la filóloga sevillana Inmaculada Lergo, decidió publicarla "porque es de una actualidad tremenda: por la vorágine que se traga al hombre y las multitudes anónimas poseídas por el vértigo, espoleadas por la prisa".

La novela toma el nombre del fenómeno Mälstrom o Mosko-Strom, que ocurre en el archipiélago noruego de Norldland, de "aguas furiosamente agitadas en torbellino" procedentes del Polo Norte y del Ecuador, pero que el antagónico de Walker usa para referirse a la vorágine de la ciudad industrializada donde la historia transcurre. Un lugar lleno de madejas de cables, hilos y tuberías de las telecomunicaciones y del gas. "La profunda lucha invisible que conmueve a Cosmópolis hoy, al mundo entero. Esos son los auténticos torbellinos del Mälstrom técnico, inesquivable, de la vida moderna", escribe Arciniega.

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