Por qué no se aplasta de una vez al ISIS?

En apenas un puñado de días, entre el 31 de octubre y el viernes último, 400 personas fueron asesinadas en atentados terroristas espectaculares.

Internacionales | hace 3 años

La serie comenzó con el avión ruso que estalló apenas despegó de la Península del Sinaí, sobre el que casi no caben ya dudas de que se trató de un atentado; siguió con la masacre en el sur del Líbano y acabó, por ahora, con la pesadilla en París. Ese amontonamiento de horrores alerta sobre hasta qué extremo se ha perdido el control de esta crisis y del desafío que siempre significó el ISIS. Pero si el lector espera que haya un cambio radical a partir de ahora, posiblemente sufra una decepción. Aunque el tremendo episodio de Francia, especialmente, obliga a una reacción, el liderazgo mundial no está mostrando la madurez requerida para avanzar en una operación concertada que aplaste definitivamente al califato. Semejante acción debería incluir, además, la transformación de las condiciones sociales que hacen posible este tipo de violentos emergentes.

Sin embargo, lo que regula el pulso de las naciones involucradas es menos esa perspectiva que la defensa de objetivos domésticos de poder que al convertirse en excluyentes acaban por energizar y blindar al ISIS. La sorprendente ineficacia que ha mostrado hasta ahora la coalición de medio centenar de países encabezada por EE.UU. para bombardear a la organización, se explica en esas contradicciones. La cumbre de Viena, con más de una docena de países que se autodescriben como dispuestos a hallar una solución a la sangrienta guerra de Siria, exhibe en estas horas sin atenuantes la ausencia de puentes y cierta indiferencia por hallarlos entre todos los jugadores.

Si se observa en el terreno, el enjambre de estos intereses construye un auténtico laberinto. Los peshmergas kurdos han mostrado ser los más eficientes en el combate de infantería y guerra de guerrillas contra el ISIS. Liberaron este año a la martirizada ciudad de Kobane en Siria y hace pocas semanas, aliados con EE.UU., arrebataron Sinjar en Irak quebrando a la banda por primera vez las vías de aprovisionamiento entre sus dos capitales, Raqqa y Mosul. Sin embargo, los peshmergas combaten en el norte iraquí y en el kurdistán sirio, pero no están dispuestos a involucrarse en operaciones que no vayan ligadas con sus intereses nacionales inmediatos, como sería una ofensiva total contra el terrorismo en ambos países.

Turquía, que es un miembro clave por su poderío en la OTAN, recela, a su vez, del apoyo norteamericano a los kurdos. El gobierno de Recep Tayyip Erdogan es acusado de haber permitido el potenciamiento del yihadismo porque tiene como blanco a ese pueblo que Turquía considera terrorista. Los iraquíes tampoco son afines a los kurdos, de modo que como EE.UU. los respalda, la milicia de ese país se ha venido inclinando hacia Rusia. Moscú, precisamente, también tiene fuerzas en tierra en Siria al igual que su aliado iraní que constituirían un elemento práctico junto a los peshmergas para generar una fuerza multinacional que acabe con el ISIS. Pero los países occidentales y sus socios árabes centrales como la poderosa Arabia Saudita, no participarían a la luz del día de ningún emprendimiento junto a fuerzas de la teocracia persa o del Kremlin, adversarios básicos en la lucha de predominio que existe en la región. Tanto para Riad como para las otras coronas árabes, al igual que como sucede con Turquía, el califato ha sido una herramienta útil para golpear blancos de la potencia persa. El supuesto es sencillo: si se lo desactiva, Teherán ganaría mas autonomía. Y esa noción es aún hoy más vigorosa después del acuerdo entre EE.UU. e Irán que escandalizó a las monarquías árabes y a Israel. Dentro de Irak se da otro fenómeno. El ex premier shiita Nuri al Maliki generó en ese país una profunda división durante los años que lo gobernó abrazado a EE.UU. e Irán. El maltrato salvaje que administró a los sunnitas generó una enorme desconfianza en esa minoría religiosa sobre la utilidad de cualquier alianza efectiva con los persas.

Ese mapa de frustraciones configura los límites estrictos de una guerra fría que ha sido tanto la causante real del horror sirio como la incubadora de este monstruo terrorista que ahora se ha soltado incluso de los limites de la región que maneja. El propio dictador de Damasco se ha aprovechado de la banda para intentar sobrevivir en su sillón como lo menos malo a la vista, exhibiendo la salvajada de sus enemigos. Las discusiones sin salida en Viena sobre si debe o no renunciar el hombre fuerte sirio, como demanda Occidente y rechazan rusos e iraníes, son una muestra patética de la profundidad de este callejón. Ese debate se traduce en cuál vereda superará a la otra. Moscú tiene intereses objetivos en Siria al igual que Irán que son impugnados y disputados por Occidente y su agenda geopolítica. Como esa paradoja se mantiene irresuelta, la alternativa de una coordinación se torna en extremo difícil. Aunque quizá no sea imposible Si el ISIS continúa con la autonomía que le han brindado esas divisiones y sigue su camino de monstruosidades cada vez peores, seguramente algo cambiará, aunque muy tarde y sobre una mayor montaña de muertos.

Fuente: El Cronista Posta-Posta

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